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Publicado en Mar 15, 2017 | 2 comentario

El síndrome del segundo calcetín

El síndrome del segundo calcetín

Por Anto Galfrascoli de Dónde está mi crochet

Estoy segura que les pasa, ¡no digan que no! Quizás no saben cómo se llama, quizás no saben porqué les pasa esto que les pasa. Pero el punto es que les pasa… a todas nos pasa.

Sí, mucho trabalenguas para hablar del simpático pero temido: redoble de tambores… Síndrome del Segundo Calcetín. ¡Ja! Quizás ahora sí ya saben para donde voy. Y es que cuando de tejer dos prendas iguales se trata (o hacer dos cosas iguales, porque esto se aplica para otras técnicas también) simplemente no queremos. No nos gusta. Nos da miedo que no salga igual. Nos aburre repetir el patrón textual. Y en general, nos embarga una sensación poco agradable que nos hace dejar de lado el tejido y retomarlo hasta nuevo aviso.

síndrome del segundo calcetín

Así que después del autochequeo necesario, confieso que yo sí tengo el síndrome del segundo calcetín. Y no solo lo tengo, sino que además lo tengo muy, muy desarrollado, lejos de etapas iniciales. No me gusta tejer las dos piernas del amigurumi casi inmediatamente, una después de la otra. No me gusta tejer los brazos, uno después del otro. Así, suma y sigue. Todo lo que sea emparejado, y que conlleve el mismo patrón, me supone un peso psicológico. Hasta hace algunas semanas desconocía que este término del síndrome efectivamente existía, pero ahora me encanta, ya lo voy interiorizando, y estoy segura que ustedes también lo harán.

Pero, ¿por qué nos pasa? Espero que baste simplemente con responder: ¡son los gajes del oficio! aunque no… seguro tiene que existir una respuesta más contundente. En primer lugar creo que tiene que ver con un tema de interés: por alguna extraña razón al repetir un patrón perdemos, unas más que otras, el interés. Por ejemplo, si estamos tejiendo guantes, en la primera prenda ponemos toda nuestra ilusión, nuestras ganas, nuestro esfuerzo. Tenemos una fascinación por el material que recién acabamos de comprar, que prácticamente está salido del horno, o mejor dicho, de la tienda de lanas e hilados. Nos deslumbran los colores, la textura, y vamos a probar esas agujas de bambú que compramos compulsivamente en nuestra hora de almuerzo en la semana. Sí, porque las tejedoras compulsivas, como yo, usamos la hora de almuerzo laboral para tejer y no precisamente para alimentarnos. En fin. Lo tejemos, lo terminamos, lo probamos. ¡Es para nosotras mismas!

Y ahí es cuando la cosa se pone peor. Si además ya teníamos algún indicio de que teníamos este síndrome en nuestros genes, todo empeora cuando se trata de un proyecto para nosotras mismas y no de un pedido, con fecha límite de entrega.

Y ahí empiezan las quejas. “Juro que mañana lo termino”; “Todavía queda tanto para el invierno”; “No hace tanto frío”; “Es que voy a esperar a que se alineen los astros”; “Mi horóscopo me dijo que hoy no teja”; “La lana ya no me gusta”; “Esas agujas me hacen doler las manos”; “ETC, ETC, ETC”. Enfrentémoslo también, las tejedoras somos especialistas en inventar excusas, a veces, solo a veces.

Pasan los días, las lunas, las primaveras. Y el pobre guante que alguna vez tejimos, sigue sin tener a su gemelo. Damos vueltas y vueltas. Lamentablemente creo que no hay cura para el Síndrome del Segundo Calcetín, más que el remedio mismo de pensar que si no lo terminamos, solo tendremos una mano calentita (en el caso del ejemplo). Si no lo terminamos, ese Amigurumi no tendrá sus piernas por mucho tiempo y nos da pena verlo tirado al final de la pila de proyectos sin terminar. Ese cementerio que toda tejedora tiene. Además yo alguna vez tuve la “shame box” o en mi caso, “la bolsa de la vergüenza”. Allí guardaba mis primeros proyectos que eran bien feitos y que nunca los terminé de tejer. Para lo único que me sirve ahora es para reírme, para darme palmaditas en la espalda por mi progreso y para reutilizar los materiales, lo cual es una maravilla en este mundo, el poder hacer eso.

¿Recomendación? ¡Por el momento ninguna! De hecho al revés, espero sus propias recomendaciones, para hacer una línea de autoayuda en esta materia. Digan “yo” y levanten sus manos si también son parte de este síndrome poco decoroso que nos aqueja.

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2 Comments

  1. Yo soy parte del síndrome, entonces lo que hago es tejer las piezas sin repetir, así no me da flojera ni lata repetir el patrón, por ejemplo en un amigurumi (muñeca) comienzo tejiendo la cabeza, luego un brazo, luego una pierna, el cuerpo, sigo con el otro brazo, la otra pierna, el pelo y la vestimenta, así no se me hace tan monótono y pienso en el resultado final… será hermoso!! Y lo mejor podré tener dinero extra cuando lo venda y comprar más lanas e hilos JajAJajajaja.

  2. Hola!
    Bueno. No sigo patrones, creo eso me ayuda con el síndrome. Las cosas quedan parecidas y no iguales en su lado izquierdo y derecho pero no exactas. Me dejo llevar por la intuición y el ojímetro. Si nadie es igual en su izquierda y su derecha.
    Guantes tejí muchos pero casi nunca dos sólo uno y sin dedos, calcetines jamás… alguna vez lograría que se sujetaran a mis piernas?
    siempre he interpretado ese síndrome como la característica que acompaña a los artistas y creadores.
    Trabajo en serie horror! Para eso uno compra lo realizado por una máquina.

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